Sobre el Autor

De gatos y dados

Recuerdo mi primera cara, en mi Ceuta natal, cuando les vi sentarse por primera vez y empezar a poner voces extrañas y llamarse con nombres distintos a los suyos. ¿Desval, qué podemos hacer? Mi cara debía ser un poema cuando pensaba que mis colegas con catorce años acababan de perder la cabeza. Pero no, consiguieron que yo tardara poco en convertirme en uno de ellos.

  • No vas a entender lo que es el rol si no lo juegas

Y así, a la semana siguiente, me hice mi primer personaje, la primera puerta a un nuevo mundo lleno de aventuras que acercándome a los cincuenta me cuesta demasiado querer abandonar. A la semana de empezar a jugar, mi primo me enredó para que les enseñara aquello. Sin conocer reglas ni manuales me lancé a la arena preguntando dudas a mi máster e improvisando criaturas, mundos y un sinfín de aventuras que me han ido tejiendo hasta el día de hoy. De aquellos polvos vinieron estos lodos. Y es que, esos primeros mundos donde utilizaba ciudades de Tolkien, nombres de grupos de heavy metal y cuanto se cruzara por mi cabeza dieron como fruto la primera base de lo que hoy es Talessya. Mucho más asentado, más madurado y sin ese potaje de nombres mezclados, pero Aphassya, que fue el nombre del mundo, una campaña de más de seis años, dejó un poso de fantasía, que sin saberlo, empezaría a golpear a la puerta para pedir tomar forma.

De aquellas partidas de adolescente de instituto fueron abriéndose paso otros mundos, Star Wars d6, el Señor de los Anillos, Cyberspace, La llamada de Cthulhu, Runequest, Stormbringer. Pero en el fondo, siempre, de fondo, estaba Aphassya. En sus épicas batallas de Garic y la muerte de Vanthas. En las callejuelas con Darth Brian, un mediano picaro a lomos de un tigre parlante. Aphassya nuncó dejó de estar. Porque la fantasía era uno de mis grandes pilares a la hora de contar historias. Mi otro pilar venía de mi segunda afición. El mundo del cómic y el dibujo. Recuerdo pasar horas contando historias creando personajes, siempre creando historias. Cambiando la espada por imposibles saltos. La coraza por la malla y la capa. Y tras dejarme querer por juegos como DC Héroes o Marvel SuperHéroes, apareció SuperHéroes INC, segundo amor a primera vista que me llevó a diez años de campaña durante la Universidad en mi llegada a Málaga. La ciudad que me acogió y me acabó de dar su arrope friki